¿LITERATURA DEL TERCER MUNDO?

Entra en una librería abarrotada de títulos. Elige un ejemplar atraído por la cubierta: se trata de un joven sentado con el codo izquierdo sobre la mesa. Aunque de perfil, toda su atención radica en los trazos de la pluma que lleva en la mano derecha.

Azul, blanco, negro y el nombre del autor en ocre: Orhan Pamuk. El libro: Otros Colores. Abre al azar y cae en la página 203. Arriba el número 42 cuyo título es: Mario Vargas Llosa y la literatura del Tercer Mundo. No esconde el impacto. El texto lo ha cautivado. Piensa en Borges, en la originalidad que vibra para siempre. Como muchos, cree que debieron otorgarle el Premio Nobel. Una falta irreparable.

Decide comprar Otros Colores porque Pamuk remata el primer párrafo así: “Borges escribió sus cuentos y ensayos en la Argentina de los años treinta, o sea, en un país del Tercer Mundo en su sentido más amplio, pero hoy ocupan un lugar indiscutible en el mismísimo centro de la literatura universal”.

Más abajo se detiene: “Con todo, hay que admitir que existe una narrativa propia de esos países que llamamos del Tercer Mundo”. ¿Será verdad? –se dice– ¿contamos entonces con dos literaturas universales? Orhan Pamuk asegura que hay un centro de la literatura mundial y que los autores nacidos en el Tercer Mundo escriben sintiendo en sí mismos una lejanía con dicho centro.

En otro anaquel consigue un libro de J.M. Coetzee: Mecanismos Internos. También lo abre al azar y cae en la página 275. “En El amor en los tiempos del cólera… García Márquez entra en un terreno inquietante en el aspecto moral”. Coetzee lo deja claro, se refiere a la relación entre el viejo Florentino Ariza y su pupila América Vicuña, una jovencita de catorce años. “Florentino desnuda a la chica pieza por pieza con engañifas de bebé: primero estos zapatitos para el osito (…), después estos calzoncitos de flores para el conejito, y ahora un besito en la cuquita rica de su papá”.

Recuerda que experimentó la misma atracción enferma y con el mismo escozor cuando leía por primera vez El amor en los tiempos del cólera. Sin embargo, ahí, dentro de esa librería abarrotada de títulos, le llama la atención que la menor se llame América y el viejo maestro amante Florentino. Nunca había reparado en ello y quizá no tenga la menor importancia.

Mira la página 274. Arriba el número 20 cuyo título es: Gabriel García Márquez. Memoria de mis putas tristes. Coetzee advierte un paralelismo entre estos dos libros, pese a los veinte años que separan sus publicaciones. Dice: “… y dan a entender que quizá con Memoria de mis putas tristes García Márquez haya querido dar otra oportunidad a la historia artística y moralmente insatisfactoria de Florentino y América en El amor en los tiempos del cólera”.

Se cuestiona: Pero ¿qué es lo que ha pasado en estos veinte años para que, supuestamente, García Márquez haya querido dar otra oportunidad a aquella historia? Se percata del bucle que tiene la pregunta.

Pasa la página y lee un pedazo de cita de Memoria de mis putas tristes que Coetzee ha insertado en su escrito: “Los senos recién nacidos parecían todavía de niño varón, pero se veían urgidos por una energía secreta a punto de reventar (…)” Sabe que el protagonista de esta novela desea celebrar su nonagésimo cumpleaños disfrutando el sexo con una nena virgen.

Insiste, pasa la página y lee otro pedazo de cita de Memoria… que Coetzee también ha insertado en su escrito: “(…) y toda ella resonó por dentro con un arpegio y sus pezones se abrieron en flor sin tocarlos”.

Coetzee acaba por sugerir a García Márquez que ponga atención a la historia del mercader en: Los cuentos de Canterbury de Chaucer. El viejo “sentado en la cama con su gorro de dormir, con un temblor en la flácida piel del cuello, y la joven esposa a su lado, consumida por la irritación y el desagrado”.

Ya hace la cola para pagar Otros Colores. En la página 209 alcanza a leer: “Vargas Llosa, que estudió en un colegio militar en Perú, siempre ha descrito la vida castrense con gran habilidad y una enorme confianza: por ejemplo, tanto al describir la competencia y las disputas entre jóvenes cadetes en La ciudad y los perros como al escribir sobre burocracia militar y el sexo en el ejército en Pantaleón y las visitadoras (…)”

Sale de la librería todavía preguntándose: ¿Literatura del Tercer Mundo? Pero se dice: unos cantan a la libertad y otros son esclavos de sus mentiras.

Nota: Publicado en la sección de literatura, revista Petróleo YV, Grupo Energizando Ideas.

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