LA LIBERTAD ES VIDA

COMENTARIO SOBRE VIDA Y DESTINO DE VASILI GROSSMAN

Cuando un autor muere sin ver publicada su obra magna, la tristeza deriva en una duda fatal: ¿Cuántos habrán corrido la misma suerte? Al menos y por fortuna, lejos de quedar sepultada bajo la lápida del olvido, la novela Vida y destino de Vasili Grossman, catalogada por muchos como su obra maestra, vio la luz después de su fallecimiento y el mundo ha podido deleitarse con sus letras.

Traducida del ruso por Marta Rebón, en la contraportada de la cuarta edición, de septiembre de 2019, del formato publicado en diciembre de 2016, por la editorial Galaxia Gutenberg, cuya primera edición es de septiembre de 2007, se lee:

Vida y destino consigue emocionar, conmover y perturbar al lector desde la primera línea y resiste —si no supera— la comparación con obras maestras como Guerra y paz o Doctor Zhivago…”

Debido a la saturación comparativa por estrategias de marketing de tantas novelas con obras de Tolstoi o Pasternak, con la inevitable decepción al descubrir que dicha comparación, además de infundada, en ciertos casos configura, de hecho, un vulgar insulto al intelecto, la afirmación en la contraportada de Vida y destino puede despertar suspicacia en los lectores que aún no conocen la pluma de Vasili Grossman. Tratándose de una publicación que consta de 1.104 páginas, si el lector que sospecha de las estrategias de marketing se rinde a la curiosidad a pesar del volumen de la novela, descubrirá estremecido en su lectura que no solamente resiste la comparación, sino que, en efecto, no es temerario asegurar que la supera.

No obstante, el primero de mayo de 2009, Rosa Eugenia Montes Doncel publicó un enjundioso artículo en Revista de Libros, titulado Vasili Grossman, un Tolstói redivivo, en el que afirma:

“Admitiendo de entrada que la ambición no entraña un defecto en las intenciones de un producto artístico, sí que sucede que, cuando dicha ambición no se satisface por completo, el resultado se resiente de ello en alguna medida. Vida y destino no es Guerra y paz, aunque sí una magnífica novela, muy a la manera omnisciente de su contemporánea El doctor jhivago de Pasternak, y acaso superior a esta; pero una de sus rémoras radica precisamente en que se le nota demasiado que quiere ser Guerra y paz”.

Como se sabe, pensar que el número de páginas indica la grandeza literaria de una novela es un disparate. Sin embargo, en cierto sentido puede compartirse la opinión de Roberto Bolaño respecto a las novelas extensas, ya que, si un autor consigue mantener la fuerza, la tensión y el ritmo mientras narra una historia larga, entonces ha logrado desplegar sus dotes sin flaquear, evitando que el agotamiento se derrame en los párrafos. Cuando el escritor triunfa en su propósito, la comunicación producida entre el lector y el autor comporta un elemento que suma armonía, penetrando en el conjunto imaginario de la integridad y se hace evidente que se tiene ante los ojos una novela total.

Así pues, ¿qué mejor que una novela total para denunciar el despropósito de los totalitarismos? En las páginas 263 y 264 de Vida y destino destaca la siguiente inquietud:

“¿Sufre la naturaleza del hombre una mutación dentro del caldero de la violencia totalitaria? ¿Pierde el hombre su deseo inherente a ser libre? Esta respuesta encierra el destino de la humanidad y el destino del Estado totalitario”.

A finales del año 2020 y a la luz de las amenazas que se ciernen sobre la libertad, suprimida en buen grado en distintas latitudes y erradicada por completo en otras, con el propósito de controlar de una manera absoluta la vida de los individuos en el mundo entero, la vigencia de la citada reflexión constituye un desafío para la especie humana.

Ambientada en la famosa batalla de Stalingrado, Vida y destino, además de narrar el cruento, sangriento y desgarrador suceso bélico, retrata las vicisitudes de la gente común, quienes intentan sobrevivir a la guerra, es decir, a unos les toca resistir o resignarse al terrorismo de Estado impuesto por el régimen de Stalin y otros, soportar la aberrante condena de los campos de exterminio. En todos los casos, la condición humana y su naturaleza libre fluye a través de un caudal de pasiones, pese al entorno hostil y delirante de los estallidos, las balas, los heridos y los muertos.

En la página 688, quizás intentando iluminar un detalle poderoso, Grossman remata un párrafo descriptivo de la siguiente manera:

“Allí, en el resplandor de los hornos, en la plaza del campo, la gente percibía que la vida era algo más que la felicidad, que también era desgracia. La libertad no es solo bien. La libertad es difícil, a veces dolorosa: es vida”.

Teniendo en cuenta la tranquilidad reinante en la Rusia previa al año1917, para muchos era imposible predecir que la revolución conquistaría el poder. La dinastía Romanov cayó y el zar Nicolás II fue el último zar de Rusia. Ignorando las causas de la decadencia económica no pudo adoptar medidas resolutivas y mientras el malestar del pueblo ruso aumentaba, el gobernante persistía en la negación de la realidad.

Superada la monarquía, pocos intuyeron que el nuevo sistema de gobierno sería aún más represivo. Para muchos, este detalle encuentra explicación preguntando ¿qué podían saber los rusos de libertad si nunca la vivieron? Pero la malicia implícita en esa interrogante se demuestra en la cantidad de disidentes, en el grosero número de rebeldes condenados a prisión o enviados a los campos de concentración y exterminio. Entre otras, los testimonios contenidos en la obra Archipiélago Gulag, de Aleksandr Solzhenitsyn, constituyen una inequívoca demostración al respecto. No son pocos los casos de aquellos fanáticos defensores de la revolución que terminaron oponiéndose y luchando contra ella. De alguna manera, despertaron tarde. Ahora bien, si nada podían saber los rusos acerca de la libertad, ¿cómo fue que tantos despertaron y alzados, lucharon contra el sistema que los oprimía? Pues, como lo expresó Grossman: “La libertad es difícil, a veces dolorosa: es vida”.     

Sin embargo, la tendencia frívola del entretenimiento puede suponer una debilidad progresiva de las fuerzas necesarias para preservar una vida libre. El culto por la banalidad del mal se traduce en un peligroso ardid que allana la senda del triunfo de la desgracia. Luego, lo que tanta felicidad produjo en un pasado reciente, puede convertirse en un intenso sufrimiento, en la peor de las pesadillas. Así, por descuido o desprecio de la libertad como si se tratara de un derecho invencible, el triunfo de la negación eleva al poder a los sistemas opresivos y la servidumbre se impone como regla, con todos sus crímenes legalizados.

Bajo el impacto de un sometimiento al más puro estilo kafkiano, ignorando incluso los cargos de la acusación, Krímov, uno de los tantos personajes de Vida y destino, no alcanza a comprender su situación. En la página 784 se lee:

“No lograba todavía reconocer el colosal significado de las palabras ‘privación de libertad’. Se había convertido en otro, todo en él tenía que cambiar: le habían privado de libertad”.

Concluye el pasaje del suplicio en la página 785 con una contundencia demoledora, tanto por los fundamentos ideológicos, como por la legalización del crimen:

“En el hombre que le pisoteaba Krímov no había reconocido a un extraño, sino a sí mismo, a aquel niño que lloraba de felicidad cuando leía las conmovedoras palabras del Manifiesto comunista: ‘¡Proletarios del mundo, uníos!’. Y aquella proximidad era espantosa…”.

En Conversaciones sobre historia, Reseña de libros, Guillermo Schoning García ha publicado un magnífico artículo titulado ¿Cómo se desvirtúan las revoluciones? Sobre Vida y destino de Vasili Grossman, en el que encontramos pasajes y reflexiones que, en cierto sentido, destacan el pensamiento o la visión de la humanidad que tuvo Grossman cuando empuñó la pluma:

“Quizá la primera lección que sobresale en Vida y destino es que la humanidad no puede ser interrumpida, que al final todo es reflejo de lo que somos. Son humanos el terror, la abnegación, el hartazgo y la rebeldía. Poco pueden la responsabilidad, el miedo y la censura borrar la silueta de las historias individuales”.

La fuerza de la opresión, convertida en arma predilecta del tirano para aplastar cualquier disidencia, con el fin de perpetuarse en el poder, aún sin legitimidad alguna, descuella aniquilando sus propios soportes. El afán de controlar cualquier milímetro de existencia, esto es, la expresión totalitaria, impone el canibalismo en la sociedad. En la multiplicación de los bocados termina devorándose a sí mismo, mordiendo los tentáculos del poder hasta quedar suspendido en la nada, cayendo al barranco de una fosa común en la que yacen todos los totalitarismos.

El poder que vence las pretensiones totalitarias no es otro que el deseo de vivir en libertad. El tiempo que requiera para lograr el triunfo dependerá de la determinación de los individuos implicados, pero el fracaso a corto, mediano o largo plazo de cualquier totalitarismo es una constante histórica porque, como dice Grossman: “La libertad es difícil, a veces dolorosa: es vida”. En consecuencia, por más difícil y dolorosa que sea, si la libertad es vida, entonces el triunfo definitivo del totalitarismo será la muerte, es decir, la extinción absoluta del ser humano como forma de vida en la Tierra. 

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