(I) Yo

Según Elías Canetti: “Todas las distancias que el hombre ha creado a su alrededor han surgido del temor a ser tocado”. En Masa y Poder asegura: “Sólo inmerso en la masa puede el hombre redimirse de este temor al contacto… De pronto todo acontece dentro de un cuerpo”.

Para el señor Canetti la masa es un ser vivo o al menos se comporta como tal. No estoy de acuerdo, hay evidencias de lo contrario. Imagino a un judío dentro de una masa nazi. Lo que pasa es que los integrantes están aglutinados debido a un interés común. Se me ocurre que es la afinidad, la empatía entre unos y otros, lo que redime “el temor al contacto”. Si bien algunas de las distancias que el hombre ha creado han surgido del temor, también es cierto que otras han sido creadas por el impulso de ganarse el pan y dormir bajo un techo o por la necesidad de habitar cómodamente en el mundo, lo cual no obedece al temor, sino al deseo de vivir y progresar sintiendo que se es parte de la evolución. Me echo a la calle. Detengo a un viandante: ¿Qué es la propiedad privada? Me mira como si fuera un insecto. Abordo a otro: ¿Qué es la propiedad colectiva? Me insulta. Algo se agita en mi fuero interno. Recreo lo que acabo de vivir: una fiera salvaje, oculta en la maleza, espera el momento propicio para devorarme.

¿Un insecto? Pienso en La Metamorfosis de Kafka. Ni cucaracha, ni escarabajo. El proceso que experimentó Samsa produjo un bicho único. Es la identificación del lector lo que explica porqué tantos esfuerzos para visualizarlo. Recurro a Nabokov: “Gregor no llega a descubrir que tiene alas bajo el caparazón de su espalda (ésta es una observación que quiero que atesoréis toda la vida. Algunos Gregorios, algunos Pedros y Juanes, no saben que tienen alas)…” Me paraliza. Ignorar que se tienen alas es equivalente a no tenerlas. Pero descubrir que se tienen rotas es la evolución del universo kafkiano; describe mejor los sentimientos: el dolor y la tristeza cuando se pierde la libertad.

(II) Nosotros

Cada vez que escuchamos que la economía de mercado fracasó durante la Cuarta República, lo que oímos en realidad es otra mentira más. De hecho, el fulano capitalismo brilló por su ausencia. Las garantías económicas estuvieron suspendidas, a partir de 1961, por más de 30 años. Sabemos que la intención es engañar al pueblo y tergiversar la historia. Pero nos llama la atención que dichas garantías se mantuvieran suspendidas mientras el “sector privado”, es decir, empresarios, colegios profesionales, universidades, partidos políticos, intelectuales, artistas, en fin, la sociedad civil en general, guardaba silencio. ¿Cuál fue el resultado? Un adefesio que se traga, insaciable, las oportunidades para convertir a Venezuela en un país del primer mundo. La ineptitud que impera nos obliga a transitar por calles, avenidas y autopistas en paupérrimas condiciones. Las vías de comunicación están plagadas de cráteres lunares o se derrumban con tan sólo mirarlas. La educación ya no es tal. Ahora es una excusa para aniquilar, poco a poco, el libre pensamiento en las futuras generaciones. Dicen que es una doctrina política. Nos da risa.

Conocemos la obra Diario de la galera, de Imre Kertész: “Sobre todo, el hecho de que el bolchevismo acabara no significa que el fracaso del llamado socialismo no sea el fiasco humano general más grande del siglo”. Para nosotros el sistema de salud es una migaja. ¿Por qué debemos conformarnos con algo tan miserable? ¿Acaso no merecemos hospitales con insumos suficientes y personal bien remunerado? Nos repugna el índice de desempleo. Claro, para el sector productivo el desgobierno es un rival en lugar de ser un aliado que coopere con el crecimiento y el desarrollo del trabajo. Los niveles de inflación superan, en mucho, los que tienen en Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Guatemala, Honduras, México, Nicaragua, Paraguay, Perú, Uruguay… Nos cortan la luz a cada rato. Los apagones suceden sin previo aviso ni explicación. Sumidos en la oscuridad, preguntamos: ¿Cuánto cuesta la demolición de la patria? El ingreso total aproximado, sin contar préstamos, durante más de once años es casi $ 3,000 ¡por segundo! Sin la menor duda: la revolución es el engaño más grande de la historia. Entonces ¿por qué permitimos que siga dilapidando recursos? Ya el costo de oportunidad, aunque imposible de contabilizar, pasa factura. Descubrimos que el miedo, la comodidad y los intereses personalísimos son eslabones de la misma cadena: la esclavitud.

(III) 2011: lo que te toca

Llegas a casa. Agradeces que el hampa no te haya pegado un tiro. Diriges el sentimiento de gratitud al Espíritu del Universo. Te indigna que los responsables no sean capaces de garantizar tu seguridad. Ya son muchas cosas —te dices—, el país va rumbo al precipicio. Te acabas de enterar que a la MUD la llaman MUDa. ¿Será que a los políticos de “oposición” les conviene? ¿Es cierto que los electores son la materia prima para fabricar traiciones? ¡Cuidado! Una cosa es la convicción democrática de un pueblo y otra muy distinta manipular a la gente para que siga participando en la gesta de resultados inútiles. Sabes que el decaimiento que percibes obedece a que son muchos los que sienten desconfianza. Las elecciones no determinan que un país sea democrático. Nunca ha sido así. Muchos dictadores utilizan el sufragio para encubrir la esclavitud del pueblo. Notas que la voluntad del soberano se irrespeta a diario. Las fuerzas internas se debilitan. Seguir presentando el sufragio como la solución del problema es, a todas luces, un discurso falso. La insistencia te resulta casi maliciosa. “Cometer los mismos errores esperando resultados diferentes es locura”. Te preguntas ¿hasta cuándo? El hastío no se puede esconder. Estás seguro de que no existe estrategia que pueda anestesiar la desesperación. La lógica no comulga con el miedo. Las amenazas no pueden continuar hipnotizando a las personas. Lo que te toca es asumir el reto. El pueblo reclama valentía y coraje. Obstinado de tanto engaño populista, luce indiferente, impasible y ajeno a la patria. Pero esa actitud es un espejismo. Los votos no son el despertador que marcará el fin de la pesadilla. En todo caso, sirven como manto democrático bajo el cual se esconde una bestia despótica, cuyo odio degrada al país. Sientes que las alas que tenías rotas se queman. Experimentas una metamorfosis de sentimientos. La oscuridad desfallece junto al calor del fuego. Miras el futuro con ánimo renovado. La trascendencia comienza. De sus cenizas renacen la dignidad y la libertad que defienden al trabajo como la ideología política que incluye a todos. Entiendes que se te indica el camino, sin mentiras, con respeto hacia la naturaleza humana. Oyes nuevas palabras. Directas e incuestionables, rechazan cualquier gesto demagógico y condenan las expresiones populistas. Avivas la llama que trae una nueva era: los valores y principios que dirigen el vuelo de Fenix.

Nota: artículo publicado en El Universal, 2010.

Related Posts

Leave a Reply

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies