[Predominio: 34—. Precio]

Al preguntarme quién era Biti, en lugar de quién es, Stavros deja claro que al menos ya sabe que está muerto. No tiene caso mentirle, pero debo ir con cuidado para no poner en peligro a mi amigo Eduardo Gallent.

—Biti era un excéntrico —digo—. Lo conocí en Madrid hace veinte años.

—¿Qué hacías en Madrid? —pregunta Stavros.

—Mi postgrado.

—¿Qué?, ¿vas a decir que Biti estudiaba contigo? —me increpa Stavros con suspicacia.

—No, él era mucho mayor que yo.

—¿Entonces?

—Fui a un conjunto de simposios sobre la cultura islámica. Ahí nos conocimos.

—¿Cultura islámica? —cuestiona Stavros.

Noto que a Hans le cuesta esconder su descalabro. Amy ha decidido ignorarlo por completo, ni siquiera lo mira. Mientras habla, Stavros disfruta el efecto de marcar el terreno acariciando el muslo de ella. No se trata de fulminar a un macho rival, sino de mantenerlo a raya, comiendo las sobras del banquete. Así reafirma su posición de poder, algo que, para un tipo como Stavros, lleva una carga erótica en el juego común de la seducción. Amy no parece disfrutar sus caricias frente a nosotros, aunque no esconde un leve gozo, sobre todo porque Hans debe reprimirse para exterminar sus sentimientos.

—Debido a la guerra en Irak y por la colaboración que el gobierno español acordó con Estados Unidos, el tema islámico comenzaba a preocupar de distintas maneras.

—Entiendo —dice Stavros y agrega—: Lo que pasa es que el excéntrico Biti, como tú dices, logró crear una red de trabajo independiente bastante buena. Le llaman el grupo de Biti o the Biti’s group.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

—¿Acaso no lo sabías?

—No —miento.

—Cuesta creerlo —comenta Stavros.

—Nunca he tenido contacto con esa gente —y es cierto. Sé que Eduardo Gallent ha cooperado en un par de ocasiones con ellos, pero no forma parte del grupo de Biti.

—Puede que estés diciendo la verdad y nunca hayas tenido contacto con esa gente. Lo que pasa es que una tal Catherine, me ha propuesto un canje en nombre del grupo de Biti.

—¿De qué se trata? —pregunto.

—El grupo de Biti quiere que te entregue a cambio de información.

—¡Qué asco! —suelta Elena—. Para Marino Torres, el precio soy yo y para el grupo de Biti el precio es Alejandro.

—Te equivocas —dice Stavros—. Catherine ha insistido en que debo entregarlos a los dos.

—¿A mí también?, ¿cómo saben de mí? —Exactamente, preciosa —dice Stavros—. Esa es mi pregunta. Creo que Alejandro nos debe una buena explicación.

[Predominio continúa: 35—. Sujetos]

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