[Predominio: 33—. Radical]

—Esto cambia muchas cosas —dice Amy, después de leer el mensaje que Marino Torres le ha enviado a Elena.

Decide llamar a Stavros mientras nosotros guardamos silencio. Escuchamos que lee en voz alta el mensaje y luego recibe instrucciones.

—Tenemos que irnos —dice cuando cuelga—. Stavros quiere vernos inmediatamente.

—¿Está aquí? —pregunta Hans—, yo creía que estaba en Europa.

Amy lo reprende con la mirada.

—No voy a dejar a Elena sola en casa —digo.

—No hace falta —comenta Amy—, ella también tiene que venir.

Son más de las diez de la noche y las calles parecen las de una ciudad deshabitada. Vamos a la sede de la inteligencia militar. Dos tipos que trabajan para Stavros conversan en la acera. Amy le ordena a Hans que se detenga. Llama a Stavros y uno de sus escoltas entra en el edificio. Cuando lo vemos, ella sale a su encuentro y ambos nos miran unos segundos. El tipo que entró a buscarlo abre la puerta del vehículo y él le cede el paso para que ella suba primero. Suena el teléfono de Hans.

—Nos toca seguirlos —comenta al colgar la llamada.

Según las indicaciones, ingresamos en el estacionamiento privado de la residencia, siempre detrás de ellos. Vemos que Amy y Stavros se bajan y entran al ascensor que tienen enfrente. El conductor da media vuelta y sale pasando junto a nosotros. Luego, el otro escolta camina hacia el puesto en donde Hans debe dejar su vehículo.

Se trata de un ascensor privado y nos deja en la sala del apartamento. El suelo es de mármol. La decoración es ligera, hay pocos adornos. Un sofá y dos sillones de tela beige, con varios cojines color salmón, están bien dispuestos con miras al ventanal. La vista hacia el sur de la ciudad es espléndida. Nos sentamos, Hans en uno de los sillones, Elena y yo en el sofá. Esperamos un tanto desconcertados.

Al rato, aparece Amy, quien nos pide que la sigamos. Al abrir una puerta corrediza de madera, observo a Stavros detrás de un escritorio. La biblioteca es abundante. Tiene un wisky en la mano y nos saluda.

—¡Por fin! —exclama—, la famosa Elena —y le tiende la mano—. Eres más bella en persona —así deja claro que ya la había visto en las fotografías que obtuvo cuando ordenó su seguimiento.

Percibo que Amy está inquieta y descubro que se comporta como si fuera la anfitriona de la reunión. Tal vez deba ser la amante de Stavros esta noche. Es obvio que teme cuál será la reacción de Hans.

Nos sentamos en el pequeño recibo ubicado en una esquina del estudio. Solo Amy queda de pie y Stavros le entrega el vaso.

—¿Otro? —pregunta ella y, dirigiéndose a nosotros—: ¿Qué quieren tomar?

Parada junto a Stavros, oye que Elena y yo solo queremos un vaso de agua. Hans luce indeciso y Stavros pone su mano en la espalda de Amy y la desliza por la parte baja sin llegar a las nalgas.

—Anímate, Hans —dice Stavros—, brinda conmigo.

—Está bien —acepta contrariado.

Amy se aleja y Stavros comenta que Landaeta ahora sabe que, por más que el Cuate le haga encargos, más le vale que no vuelva a meterse con su equipo. De ese modo me transmite que también está molesto por lo que me han hecho.

—Lo dejé en su oficina cuadrando la versión oficial para justificar lo de Vergara y Pedroza —dice.

—¿Y si suelta la lengua? —pregunta Hans preocupado.

—Tendrás que visitar a su familia —responde Stavros.

Silencio.

—Este apartamento es muy bonito —dice Elena para bajar la tensión del momento.

—Salvo por Alejandro, se ve que tienes buen gusto —dice Stavros y suelta una carcajada solitaria—. Está en venta.

—¿Es tuyo? —pregunto.

—No, ya sabes que soy un tipo pobre, no tengo patrimonio a mi nombre, al menos en este país.

Amy regresa con una bandeja. Trae el par de wiskis y los dos vasos de agua. Los pone en la mesa de centro y Stavros la invita a sentarse en el apoyabrazos de su sillón. Ella obedece y cruza las piernas. Él pone la mano en su muslo y mira a Hans.

—¡Salud! —y bebe.

Si bien es una mujer bastante fría, esta noche a Amy le cuesta actuar con naturalidad.

—Alejandro —dice Stavros—, no creo que reventarlo todo sea una buena opción, ¿no te parece?

Aunque lo esperaba, lamento que Hans no haya podido quedarse callado. Confía más en Amy que en mí. Stavros está jactándose de su poder al tiempo que la manosea en su cara.

—No le ordenes a Hans que me mate —digo—. Al menos pórtate como un hombre por primera vez desde que te conozco y mátame tú mismo.

Silencio.

—¿Ves? —dice al fin—, esas son las cosas que te hacen daño —Stavros procede a explicarme lo obvio—. Tu radicalismo, esas posturas extremistas son las que te van a matar.

—¿Acaso no habías decidido matarme? —y mirando a Amy, digo—: ¿Vas a negar que ya tenías la orden para que Hans me volara la cabeza?

—Vamos a calmarnos —pide Stavros—. ¿Qué va a pensar Elena?

—Lo que yo piense, no importa —comenta Elena—, pero para mí, este equipo no es más que una banda de criminales.

—Lamento que digas eso —replica Stavros.

—¿Y cómo puedo pensar otra cosa?

—Cuando aceptaste entrar en el equipo, ¿pensabas lo mismo?

—No —contesta Elena—, creía que los delincuentes eran otros, los que gobiernan el país, pero me di cuenta de que ellos lo hacen gracias a la colaboración de tipos como el Cuate y tú.

—Es evidente que —dice Stavros—, tanto a Alejandro como a Hans, se les ha olvidado que ahora jugamos distinto, por eso Elena tiene esa triste opinión del equipo.

—En ese tono diplomático —digo—, podemos pasar aquí toda la noche sin llegar a nada. En cuanto a mí, tengo dos opciones: me dejo matar por ti, aunque Hans dispare la pistola, o ayudo al Cuate a liberar a Zoe para que deje en paz a Elena.

—Cuando liberes a Zoe, el Cuate te va a matar —dice Amy.

—¿El Cuate o Stavros? —pregunto con cinismo.

—¡Basta de hablar de asesinatos! —grita Stavros—. Yo no te voy a matar.

—¿Lo niegas? —insisto.

—Sé que te cuesta creerlo —dice Stavros—, pero ¿qué gano con tu muerte?

—Lo ha dicho Amy varias veces, muchos están nerviosos…

—Yo no soy uno de ellos —aclara Stavros.

—Si no vas a matarme y ya sabes que debo cooperar para que liberes a Zoe, ¿qué es lo que quieres?

—Dime algo —pregunta Stavros y me sorprende—: ¿Quién era Biti?

[Predominio continúa: 34—. Precio]

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1 Response
  1. Mauro Giani

    Gracias Numa, excelente trabajo, que bueno está todo esto. Felicitaciones, éxitos, algo más será revelado, el viaje continúa, abrazo grande

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