[Predominio: 32—. Chantaje]

Aún no escampa.

Amy ha dejado muchos cabos sueltos como para sentir tranquilidad. Antes de informarle sobre el mensaje que Marino Torres le ha enviado a Elena, escuchamos lo que sucedió en la tarde, después que Hans y yo nos largáramos.

Dice que Stavros confrontó al Cuate con Landaeta, así lo obligó a confesar todo lo relativo a la paliza que me dieron. Amy confirma que, en lugar de ganarse quince mil dólares, el mayor Landaeta cobró el doble porque Stavros cumplió con su parte del trato. Las muertes del capitán Vergara y del teniente Pedroza fueron un punto álgido, ya que Marino Torres utilizó dichas ejecuciones para aparentar que estaba indignado, alegando que eran inaceptables, por desproporcionadas.

Deduzco que ni Stavros ni el Cuate desean iniciar una guerra. Ambos tienen muchos intereses comprometidos y la incertidumbre es muy alta como para sumarle tensión a plomo limpio.

—Si bien la sociedad entre ellos está herida —comenta Amy—, el análisis fáctico y un criterio pragmático se impuso y ambos continuarán como siempre, aunque la desconfianza es profunda.

—Amy, déjate de tonterías —digo—. La confianza nunca ha sido el vínculo. Ellos cooperan porque se mueven por intereses comunes.

Nos cuenta que Marino Torres tuvo que revelar la verdadera causa del desvío de los fondos. Los agentes de la CIA que rechazaron la línea acordada en Washington han presentado una estrategia de bloqueo para que los planes de la Casa Blanca no logren su cometido. Están financiando, con la ayuda de algunos jerarcas del régimen, una campaña política para concentrar la atención. A diferencia de años anteriores, en los que la agitación de calle pretendía crear la inestabilidad necesaria para traspasar el poder a nuevos títeres de la agenda globalista, ahora el malestar general podrá drenarse sin mayores daños. Descartada cualquier opción de fuerza, distintas ONG empezarán a recibir dinero, como ayuda humanitaria, centrifugándolo mediante transferencias hacia un segundo nivel, con menor o ninguna figuración pública. Dichas cantidades permitirán el blanqueo de capitales a través de la dispersión masiva de operaciones financieras, a pesar de las sanciones impuestas, debido a la activación de personajes legítimos e inofensivos, previamente seleccionados de lado y lado. Una farsa oportuna y macabra para ganar tiempo, mientras fluye el dinero.

Siendo el Cuate un tipo al que podían presionar, también fue escogido por la cercanía que tiene con los políticos que gozan de mejor aceptación en las manifestaciones de calle. Su imagen pacifista, más la dilatada experiencia contactando líderes juveniles, lo convirtieron en una ficha importante para impulsar el engaño. Dado el riesgo que corre si llegara a quedar expuesto ante la opinión pública, prefirió operar sin Stavros, ocultándole los verdaderos objetivos, es decir, lo traicionó descaradamente. Afinando detalles, tuvo que conceder un favor a Rajiv, prestándole los servicios de Zoe Moreau durante el arranque de los análisis desarrollados por su ONG. Con ese gesto recibió la gratitud del exembajador de la ONU que mantiene una estrecha relación con Rajiv, quizás sacando provecho en forma de comisiones por cada contrato concedido.

—Entonces, ¿la CIA no quiere un verdadero cambio en este país? —indaga Elena.

—Lo quiso —responde Amy—, pero eso fue hace muchos años. Ahora, las implicaciones son tantas que no luce conveniente. Son muchas las operaciones en las que, a lo largo del tiempo, varios oficiales de la CIA han quedado comprometidos. Lo máximo a lo que se podría aspirar en estos momentos es a un cambio de rostro, siempre que las redes de fondo permanezcan tal y como están.

—¿Y quién puede garantizar eso? —insiste Elena.

—He ahí el problema —explica Amy—. Según los informes actualizados, nadie parece lo suficientemente fuerte como para garantizarlo.

Veo que ha escampado. La noche, silenciosa, triste y desolada, parece devorar el tiempo con los secretos, borrando las huellas de la violencia, lavando la sangre en el asfalto, donde muchos han caído exigiendo un futuro digno con oportunidades de alcanzar sus sueños.

—¿Qué pasó con la canadiense? —pregunta Hans—. La pobre mujer estaba aterrada.

—Stavros decidió mantenerla en custodia —dice Amy—. Está en la casa con los muchachos.

—¿Y qué quiere Stavros con eso? —pregunto.

—En sí misma —responde Amy—, Zoe es una llave privada caminando. Tiene acceso a cuentas clasificadas y conoce a un par de agentes de la CIA con información suficiente como para exterminar a Marino Torres.

—O sea que vino al país como analista para Rajiv —agrega Hans— y ahora es una rehén de Stavros.

Miro a Elena y no logro comprender lo que quiere. Está desconcertada, aunque lo disimula muy bien.

—Hoy recibí este mensaje de Marino Torres —dice y le entrega su teléfono a Amy.

Sé que el Cuate intentará chantajearme para liberar a la canadiense. Elena será el precio que pagaré si me niego.

[Predominio continúa: 33—. Radical]

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