[Predominio: 17—. Banal]

Llego a casa y Elena no está. En una nota pegada en la puerta de la nevera dice que ha ido a comprar pan. Prefiero analizar a los cuatro sospechosos antes de decirle cuál es mi verdadero encargo. Si trabajamos para los menos malos, la experiencia me indica que las cosas nunca son como las presentan. Oigo que ella entra en la habitación cuando estoy bajo la ducha. Nos saludamos alzando la voz. Al salir, la encuentro ordenando una pila de carpetas.

—Es el material que me dio Hans —dice.

—Pensé que te lo daría por email.

—Sí —explica—, lo que pasa es que no todo está en formato digital. Tengo que identificar qué es lo que falta primero.

Echo un vistazo a los documentos y advierto que algunos tratan sobre la transferencia de competencias municipales.

—¿Ya los leíste?

—No, primero hay que ordenarlos cronológicamente y descartar los que están en digital. Después comenzaré a traducirlos.

Vamos a la cocina. Ella no suele cenar, a lo sumo una fruta al caer la tarde. Digo que estoy hambriento porque no comí nada en el día.

—¿Y eso?, ¿no estabas con Amy?

—Sí, pero estuvimos en una reunión que se prolongó demasiado y los dos salimos con las tripas chillando.

Más tarde, me cuesta conciliar el sueño. Pese al cansancio, internamente estoy agitado. Siento que, en lugar de ascender, ganando autonomía e independencia, me hundo cada vez más en el fango de los sometidos. Hace unos meses creí que, si me iba del país, podía desaparecer, pasar desapercibido y dejar atrás todo lo que hice en el equipo, pero esa opción nunca existió, era una fantasía. Analizar información implica conocerla y al hacerlo, entré en la región que no tiene escape. Solo con mi muerte podría cruzar el umbral de la salida.

Elena está en la sala y la luz que llega a la habitación a través de la puerta entreabierta apenas ilumina un tercio de la cama. Oigo que mueve las carpetas y pasa las páginas en silencio. Como está concentrada en la fecha de cada documento, la clasificación que realiza es rápida y los ruidos al pasar las hojas son tan veloces como regulares.

Me da por pensar en Eduardo Gallent, mi amigo. Justo después de la restricción de movilidad que nos obligó a aplazar nuestra salida del país, ambos acordamos que él buscaría una solución. La línea aérea ha dejado abierta la vigencia de los pasajes, aunque tendremos que fijar una nueva fecha dentro de los quince días siguientes al restablecimiento de los vuelos comerciales. Mientras la prohibición exista, nada podemos hacer y quizás se mantenga más tiempo de lo que algunos han proyectado.

La luz de la sala se apaga y escucho que Elena se queja indignada. Se trata de un apagón en toda la ciudad. Ella se desviste en silencio creyendo que estoy dormido. Luego entra en el baño tratando de no despertarme. Cuando se acuesta a mi lado, suelta un suspiro lleno de impotencia. Me muevo para abrazarla y ella me dice:

—No sabía que estabas despierto.

—Ya no puedo dormir si no estás en la cama.

Ella ríe, aunque todavía con cierto malestar por el corte eléctrico. Nos besamos para olvidar nuestro sitio en el mundo. La oscuridad absoluta me lleva a palpar lo único que tengo más allá de mí y decido creer que a ella le pasa lo mismo. Nos amamos y al hacerlo las circunstancias que nos rodean, lejos de esfumarse, me causan dolor, hiriendo el banal sentido de mis actos. 

[Predominio continúa: 18—. Vínculos]

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