[Predominio: 15—. Golondrina]

Nos despedimos de Rajiv y Amy me dice que debo acompañarla al aeropuerto. Stavros la llamó para girar instrucciones. Ella nota mi leve resistencia.

—No te preocupes, se trata de un viaje de ida y vuelta —dice Amy—, hoy duermes en casa.

Nos dirigimos a la base militar de la ciudad. Es evidente que Stavros ya no guarda las apariencias conmigo. De algún modo he ascendido y el nivel de confianza es mayor. Durante el trayecto, pienso en el sótano en el que tendré que encerrarme para cumplir con Rajiv. Sin que me lo haya dicho, sé que el grupo que analizará los mismos datos, pero con todo el soporte tecnológico necesario, hará su trabajo en cualquier lugar del primer mundo. Tal vez sus integrantes, sin duda un puñado de geeks, ni siquiera sepan que nosotros haremos lo mismo sin valernos de la inteligencia artificial.

Frente al hangar, observo varias nubes blancas mientras el viento golpea mi rostro. Stavros nos espera, aunque no viajará con nosotros.

—¿Qué tal Rajiv? —pregunta.

—Bien —digo—, pero no sabía que yo tengo que regresar al colegio.

—Tranquilo —dice y me pone una mano en el hombro—. No será más de una semana…

—¿Cómo? —pregunto sorprendido—, el tamaño del encargo supone mucho más tiempo.

—Ya lo sé —contesta restándole importancia—, pero tú no estarás ahí para hacer lo que diga Rajiv.

—Entonces ¿qué?

—Su ONG no es más que una tapadera —explica Amy.

—Sin sus contactos en la ONU, Rajiv estaría vendiendo helados en el barrio donde nació.

—Sigo sin captar qué debo hacer —comento.

—Sencillo —dice Stavros—, sigue el dinero.

—Sí —agrega Amy—, pero además de saber quiénes financian a Rajiv, queremos conocer el perfil del grupo de analistas —así me revela porqué no estaba al tanto y tampoco le interesa cuál es el encargo que me pidió Rajiv.

—¡Son treinta! —me quejo—, una semana es poco tiempo.

—No puedo comprar ni un día más —dice Stavros.

—¿Y si no logro completar los perfiles en una semana?

—No podré retirarte —dice Amy— y quedarás por tu cuenta.

—¿Por qué? —pregunto indignado.

—Porque te vamos a sacar con el apoyo del socio de Stavros en esta operación —contesta Amy mirándome—. Hans llevará a Elena cuando sepamos dónde te tienen.

—No —digo—, Elena se viene conmigo.

—Sabía que ibas a decir eso —dice Stavros con agrado, pero Amy no esconde su rechazo y él se dirige a ella—: Te dije que estaba enamorado y esta vez va en serio.

—Puede que sí —replica Amy disgustada—, peor para él.

—No lo creo —digo con determinación—. Elena se viene conmigo y no estoy negociando.

—Como ni Amy ni yo podemos complacerte —explica Stavros—, he arreglado un encuentro informal con mi socio para que lo convenzas. Amy irá contigo para garantizarme que, sea cual sea su decisión, te esmeraste y diste lo mejor de ti.

—¿De verdad necesitas que ella lo compruebe?, ¿acaso no crees que estoy motivado?

—Por Elena sí —responde Stavros—, por ella estás más que motivado. El asunto está en el equipo.

—No te entiendo.

—¿Qué pasa si no lo convences? No me respondas, ya lo sé. Por eso mismo necesito comprobar que, para ti, seguir siendo parte del equipo es algo vital.

Comienzo a tocar fondo. Me veo atrapado en una red encubierta, cuyo propósito dista mucho de legarnos un mundo mejor. Me impliqué en todo esto creyendo que luchaba por la libertad y sin darme cuenta me he convertido en un lacayo de los que, a mi parecer, son los menos malos. Ensimismados en sus negocios, concentrados en sus asuntos, los buenos cedieron espacios y recursos hasta volverse invisibles, incluso algunos sobreviven reptando para ganar favores o conservar privilegios. Perdieron todo tipo de poder. Pese al tamaño de sus fortunas, en el tablero global, ya no existen.

Stavros se marcha y me desea suerte con un toque de cinismo. Amy dice que ya es hora y nos acercamos para abordar el inconfundible Mi-24, helicóptero de fabricación rusa apodado el “cocodrilo” o la “golondrina”, dependiendo del temor o la gratitud que le guarden. Bajo el giro de las aspas, aturdido y sorteando ráfagas de viento, batallo contra mi desesperanza.         

[Predominio continúa: 16—. Fondos]

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