[Predominio: 14—. Predilectos]

—Mucho gusto.

—Encantada.

Amy conoce a Elena y percibo que desea caerle bien. Por primera vez se muestra simpática. Señala el pequeño espacio donde hay tres escritorios y, junto al dispensador de agua, una mesa con la cafetera y los vasos de plástico apilados en dos columnas. Hans aparece muy contento y comenta que fijará una fecha de entrega para revisar el primer lote de traducción. Si lo prefiere, ella puede trabajar en casa y acercarse a la oficina el día indicado para incluir las correcciones.

—Bueno —dice Amy—, Alejandro y yo debemos salir.

Hans se queda con Elena en la oficina y Amy me lleva a una cafetería que está a diez minutos andando. Dice que todo está listo para el encargo, pero que ella no sabe de qué se trata. Vamos a reunirnos con Rajiv, un observador de la ONU. Nos acercamos a su mesa. Amy me presenta, nos sentamos y pedimos tres cafés. Un olor extraño golpea mi olfato. Deduzco que él usa un bálsamo corporal intenso.

Lo primero que me indica es que tendré que encerrarme en un sótano.

—Sin dispositivos electrónicos, ni teléfono, ni laptop, ni nada…

—¿Puedo saber por qué?

—Claro —responde Rajiv—, se trata de una labor minuciosa. Es el primer ensayo. Hemos reunido a treinta personas con capacidades similares a las tuyas. Después de estudiar la información facilitada, todos deberán catalogar los patrones de comportamiento de cada individuo investigado.

—¿Y los algoritmos no están para eso? —pregunto y Amy me reprende con la mirada.

—Cierto —explica Rajiv—, pero detectamos fallas que impiden la combinación con módulos integrales. Si bien hemos reducido el margen de error, el porcentaje obtenido todavía es inaceptable para alcanzar la siguiente fase. Pese a la oposición de algunas tecnológicas —no dice cuáles—, esta vez decidimos intentarlo de una forma radical, es decir, sin ningún apoyo de la tecnología.

—Entiendo que otro grupo analizará los mismos datos, pero con todo el soporte tecnológico requerido.

—Exactamente —dice Rajiv con agrado—. Sin embargo, no es una competencia. Más bien, buscamos un porcentaje mínimo, es decir, el margen de error tolerable en los patrones de comportamiento para pasar a la siguiente fase.

Amy se disculpa y se aleja para atender una llamada.

Oigo que Rajiv se explaya con ejemplos típicos del problema al que se enfrenta. Ríe cuando pone de manifiesto la presunta incapacidad de la inteligencia virtual para estudiar la psicología humana. Sonrío con él, aunque no me hace gracia. Desde el platino de un vehículo, un reflejo de luz lo encandila.

—¿Cuándo empiezo? —pregunto.

—La próxima semana.

—¿Dónde y a qué hora?

—No te preocupes, el transporte de la ONG pasará a recogerte en tu casa y por la tarde, te llevará de vuelta.

—¡Como si fuera al colegio!

—No lo había visto de esa manera —y suelta una carcajada—, así protegemos a nuestros niños predilectos.

[Predominio continúa: 15—. Golondrina]

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