[Predominio: 13—. Amigo]

Confirmada por Stavros, Elena me acompaña a la pequeña oficina que acaba de alquilar Amy Midland. En una intersección de cuatro calles vemos a un grupo reducido de personas alzando pancartas. Protestan por la falta del servicio de agua y los frecuentes cortes de luz. Están bien ordenados sobre la acera. La imagen es perfecta para salir en la prensa bajo titulares amañados. Dan a entender que vivimos en plena democracia y los derechos ciudadanos se respetan durante las manifestaciones.

—¿Qué es lo más importante que has aprendido desde que te reclutaron? —me pregunta Elena.

—Pues, que los amigos que tenía son los únicos que tengo y, la verdad, son menos de los que pensaba.

—¿Ya conocías a Hans?

—No.

—¿Qué?, ¿acaso no es tu amigo?

—No.

Silencio.

Sé que ella ha aceptado traducir el material de Hans porque prefiere estar conmigo. En principio, trataré de elevar su conciencia valiéndome de sus dudas. Tarde o temprano se dará cuenta de que no hay escapatoria, pero al menos estaremos juntos y, para mí, eso vale la pena. Mientras esté centrada en las traducciones, no corre ningún riesgo. Primero debe superar el período de prueba, lo cual la mantendrá distraída con información basura o irrelevante. Entretanto, es difícil que tenga sospechas. Por eso, he de aprovechar al máximo el tiempo que dure en un ambiente protegido.

—¿Por qué te reclutaron?

Intento ordenar las ideas. Quiero ser conciso y directo, deseo que sienta, más allá del mero entendimiento, el atributo que tienen aquellos que hacen que las cosas pasen, esto es, el poder del engaño.

—Usando el discurso de la libertad, un viejo conocido me preguntó si yo estaba dispuesto a luchar y dije que sí. Estuvimos en contacto en plan amistoso y relajado. Sin darme cuenta, él realizaba entrevistas por cuotas analizando mis respuestas. Entonces me presentó al equipo como una oportunidad de desarrollo profesional y que serviría para organizar la lucha contra la opresión. Todo muy bonito. Superé pruebas de interpretación de escenarios y proyección de futuro, bajo condiciones límite. Reproduje textos leídos una sola vez casi de manera literal. Resolví acertijos múltiples y descifré claves ocultas en códigos alfanuméricos, en fin, toda suerte de evaluaciones similares y que, para mí, resultaban muy divertidas. Por último, me sugirieron recibir clases de Krav Magá para mi defensa personal, aunque solo como un requisito ineludible, porque en realidad no lo necesitaría.

—¿En serio? —dijo Elena con admiración.

—Sí, lo que pasa es que todo eso estaba previamente acordado. Cualquier respuesta me daría la máxima calificación. Pretendían inflar mi ego y lo lograron haciéndome creer que yo era un tipo con una capacidad mental superior al común de las personas.

—¿Todo era falso?

—Tal vez —digo sinceramente—, aunque Amy y Hans aseguran que es cierto.

—¿Quién es Amy?

—Amy Midland, la coordinadora del equipo. Hoy vas a conocerla.

—Si todo eso era falso y no tienes ninguna capacidad especial, entonces, según tú, ¿por qué te reclutaron?

—Es muy simple. Desde que tengo memoria, siempre he sentido que no pertenezco a este mundo. Podía estar rodeado de supuestos amigos, incluso podía ser un líder estudiantil, pero en realidad vivía un aislamiento profundo. De niño, esa sensación incómoda se aliviaba cuando leía. En la adolescencia se convirtió en un malestar implacable que pude anestesiarlo temporalmente con alcohol y drogas. Luego tuve que añadir sexo a la receta. La irreverencia y el desafío permitieron una constante en mi vida, la inestabilidad. Para todos, siempre he sido el loco Alejandro o el loco Ale, y para las mujeres, primero soy un loco bello y al final, un loco de mierda.

Risas.

—O sea que, según tú, te reclutaron por loco.

—Por inestable —aclaro—, porque soy una variable aleatoria, inconstante y prescindible, de modo que cualquier excusa es buena para justificar mi muerte.

—Entonces —dice Elena con recelo—, crees que te reclutaron porque es fácil matarte con impunidad.

—Cuando un encargo depende de tu muerte, tus compañeros dejarán que te asesinen, incluso y sin dudarlo, te matarán ellos si es necesario —pausa—. Por eso, lo más importante que he aprendido desde que me reclutaron es saber quién es mi amigo, el único que he tenido en mi vida.

—¿Quién es?

—No vive aquí, pero pronto lo conocerás.

[Predominio continúa: 14—. Predilectos]

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