EL TRIUNFO DE LA CONJURA

Donald Trump denunció el fraude en las elecciones presidenciales que se llevaron a cabo el 3 de noviembre de 2020. Así, los resultados obtenidos permanecen marcados por las dudas y no son pocos los que alegan que el presidente Biden asumió el cargo de manera ilegítima.

Esta infeliz circunstancia ha generado un clima de incertidumbre en detrimento de la confianza que los ciudadanos estadounidenses han de tener en las instituciones de su país y que, para el resto del mundo, supone un grave precedente respecto al sistema democrático y a la fiabilidad del voto. Aquellos que aseguran que no hubo fraude y que Trump y su equipo jamás presentaron pruebas de sus denuncias, lo hacen a ciegas, es decir, emiten opiniones sin haber analizado el enorme material probatorio, debido a que, les guste o no, la censura, más la negación de impartir justicia por parte de la Corte Suprema, impidió que se evaluara el fondo del asunto. Lo mismo sucede en aquellos que creen que, en efecto, sí hubo un colosal fraude electoral, ya que las irregularidades difundidas a través de las redes sociales, y que buena parte de estas han sido eliminadas de internet en un esfuerzo llevado a cabo por las grandes tecnológicas o Big Tech con el argumento de preservar la democracia en Estados Unidos, continúan sin ser verificadas debidamente.  

Si bien la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, el 12 de diciembre de 2020, rechazó la demanda presentada por el estado de Texas, cuya pretensión era invalidar los resultados en Pensilvania, Michigan, Wisconsin y Georgia, dicho rechazo no se fundamentó en el fondo de la acción, ya que, antes de entrar a considerar las pruebas, negó su juzgamiento, alegando que el estado de Texas “no tiene capacidad legal para presentar el caso”. Vale destacar que la mencionada demanda estuvo apoyada por diecinueve fiscales generales estatales más ciento veintisiete miembros del partido republicano en el Congreso.

Múltiples testimonios, declaraciones juradas y material audiovisual inundaron las redes sociales, incrementando las sospechas legítimas albergadas por tantos estadounidenses respecto a la transparencia del proceso electoral, mientras los grandes medios de comunicación se negaron a transmitir cualquier denuncia relacionada con el fraude, en un claro esfuerzo por bloquear la búsqueda de la verdad.

En muchos casos, llama la atención que, en las imágenes difundidas en las redes sociales, las personas presuntamente implicadas, realizaban la trampa de forma tan evidente y grotesca que pareciera que sus verdaderas intenciones iban más allá de pervertir los resultados. Los sucesos eran típicos de cualquier país tercermundista, donde las elecciones no sirven para elegir, sino para vestir de democracia la tiranía que somete a los ciudadanos. De modo que el grosero proceder, más allá de trucar los resultados, hirió fatalmente la confianza que cualquier estadounidense podía tener en el sistema electoral. He ahí, quizás, el fin malévolo de semejantes argucias: el debilitamiento y la demolición de las instituciones democráticas de los Estados Unidos.

A la luz de los hechos y bajo la oscuridad de sus consecuencias, cuando la Corte Suprema de Justicia se negó a juzgar el fondo de la demanda presentada por el estado de Texas apoyada por diecinueve fiscales generales estatales, más ciento veintisiete miembros del partido republicano en el Congreso, además de bloquear la justicia, la cobardía de los jueces lanzó por un barranco el sistema que garantiza la libertad, sepultando el estado de derecho, esto es, la Ley y el Orden.

La afirmación de que ni un solo tribunal le dio la razón al equipo legal de Donald Trump, es falsa. Según el informe publicado por John Droz Jr., en febrero de 2021, de los 22 casos admitidos en los tribunales competentes en los que se permitió la evacuación de pruebas, el equipo legal de Trump y los republicanos ganaron 15, esto supone el triunfo judicial de dos tercios del total de los casos. Al respecto, vale destacar la pregunta del propio John Droz Jr. “¿Es eso lo que informan los principales medios de comunicación?”.

Para colmo, los grandes medios de comunicación difundieron que la irrupción de un grupo de manifestantes en el edificio del Congreso en Washington, el 6 de enero de 2021, fue ejecutada por seguidores de Trump, cuando existe material suficiente para pensar que la infamia la perpetraron miembros del grupo ANTIFA.

No obstante, la censura aplicada en internet ha eliminado una buena cantidad del mencionado material, lo cual resulta bastante elocuente e inflama la multiplicación de sospechas.

Sobre la trama que desencadenó los acontecimientos que han encapotado las elecciones presidenciales en Estados Unidos, el 4 de febrero de 2021, la renombrada revista TIME publicó un articulo redactado por Molly Ball, bajo el título “La historia secreta de la campaña en la sombra que salvó las elecciones de 2020”.

Illustration by Ryan Olbrysh for TIME

En dicho artículo, se acepta la existencia de una conspiración en la sombra para evitar el segundo mandato de Donald Trump, y lo hace de manera presuntuosa, ensalzando la conjura y pervirtiendo los principios básicos que fundamentan la libertad en favor de la tiranía del pensamiento único. Tal conspiración se llevó a cabo entre organizaciones de izquierda como Planned Parenthood, grupos raciales, el poder sindical, principales medios de comunicación y las grandes tecnológicas o Big Tech. Luego, el bloqueo y la censura de toda información contraria a la línea acordada por la conjura debía, como en efecto sucedió, ser censurada, bloqueada o eliminada. En este sentido, las plataformas de comunicación tendrían que funcionar como mecanismos de presión sobre políticos, mientras desplegaban toda suerte de propaganda a favor de los demócratas. He ahí la razón que explica el nombramiento de Biden como presidente electo cuando aún no había sido certificado como tal por el organismo competente, más la difusión de mentiras como la afirmación de que ni un solo tribunal le dio la razón al equipo legal de Donald Trump.

El 17 de diciembre de 2020, quien era el Director de Inteligencia Nacional, John Ratcliffe, dijo a la CBS que “hubo interferencia extranjera en las elecciones”, refiriéndose a China, Rusia e Irán. De ser cierto, dichas potencias extranjeras violaron la soberanía de los Estados Unidos. En consecuencia, resultaría lamentable la sumisión que han mostrado los militares estadounidenses frente al triunfo de la conjura. Aunque parezca ilógico, la mencionada sumisión también podría tener sentido a la luz de los vínculos e intereses globalistas que atan al equipo de Biden. Así pues, para la conquista de semejantes proyecciones, Estados Unidos debe perder su primacía en el mundo y todos los países del planeta deben inclinarse ante las órdenes de un gobierno único supranacional, mientras se elimina la propiedad privada por completo.

Para nadie es un secreto la preferencia que ha tenido Jorge Mario Bergoglio por Joe Biden. No fueron de extrañar sus palabras de felicitaciones tan efusivas como precipitadas, reconociéndolo como presidente electo de la conjura en Estados Unidos. Cabe destacar que el desempeño de Bergoglio como máxima autoridad del Estado Vaticano ha sido y sigue siendo una verdadera vergüenza para muchos católicos de buena fe en el mundo entero. En su encíclica Fratelli Tutti demuestra su apego absoluto a los objetivos y las metas de la denominada agenda globalista, que tiene a uno de sus mayores exponentes en el conocido Foro Económico Mundial o Foro de Davos, cuyo lema para la reunión celebrada en enero de 2021, The Great Reset, reza: “No tendrás nada y serás feliz”.

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